Yo he visto a Noviembre en sus peores momentos: dando tumbos por la avenida después de haber escapado de varias camas anónimas en la misma noche, borracha y herida, en una sutil alegoría de sábanas, angustia y sexo; agazapada en mi sillón gris con la mirada perdida en el horizonte donde convergía el eco del nombre de León; buscando los brazos de Ártax después de tanto tiempo para deshacerse en ellos de una vez por todas, aún sabiendo que jamás se lo permitiría. La he visto en sus peores momentos, y creedme, este de ahora sólo es comparable a uno. Mi pequeña Noviembre no quiere seguir peleando. Se cansa de escapar. De eludir responsabilidades. Sabe lo que tiene que hacer pero no quiere admitirlo, porque es demasiado fácil equivocarse. No, yo sé que no va a hacerlo, y la entiendo, después de todo. Incluso me parece razonable.
Esta mañana, entre una fina lluvia que calaba hasta los huesos (y el corazón), despertó con un estertor de muerte que me provocó escalofríos. Ya sabéis, ese temblor a la altura del pecho, y las taquicardias, y el oxígeno que se escapa. A quién no.
Mierda. Ni siquiera León se esfuerza en comprenderla, aunque sé que eso ha sido decisión de Noviembre, mujer gato para bien o para mal, en mayor o menor medida. Qué te están haciendo, dulce Noviembre.
Las noches de confesiones no son ni por asomo lo que solían ser. Ya no sé en qué momento aceptamos invertir los papeles, pero definitivamente no estuvo bien. Se suponía que debías enseñarme a ser valiente como tú, y ahora me veo sola y sin fuerzas tratando de mantener a flote apenas una sombra de lo que alguna vez fuiste. Porque si tú no estás, todo lo demás carecerá de sentido. Ellos no lo entienden, no pueden, y no se lo reprocho. Déjalos que configuren teorías sobre quién eres o dejas de ser, qué sabrán. En este aquí y ahora sólo importamos nosotras. Pero está mal. Ayer te necesité plena, y sin embargo permitiste que se me fuera de las manos. Yo no soy cualquier animal, te lo prometo, el método de ensayo-error no funciona conmigo. Me he caído mil veces, y volveré hacerlo de nuevo aunque sólo sea para destrozar esa aparente armonía circular que tanto odio. Necesito que me enseñes, y tú vas y pierdes la voz.
Eres mi metáfora preferida, y te estoy perdiendo, Noviembre.
Y yo me pierdo contigo.
Sin remedio.

0 comentarios:

Publicar un comentario

Copyright 2010 Alecto
Lunax Free Premium Blogger™ template by Introblogger